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Explicación sobre la Oración Abrasada de San Luis M. G. de Montfort

Explicación sobre la Oración Abrasada de San Luis M. G. de Montfort

Arsenal de la Fe, Artículos | mayo 3, 2026
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El profético apóstol de Nuestra Señora, el gran San Luis María Grignion de Montfort, es un santo con una actualidad sin comparación por varios motivos. Más allá de su reconocido libro El Tratado a la Verdadera Devoción a María, este santo profundizó en conceptos de increíble valor para nuestros tiempos. Vemos en sus escritos completos una preocupación por el estado del mundo, un celo apostólico por el combate contra el error, el deseo del advenimiento del Reino de María Santísima y su grito al cielo para que Dios se manifieste pronto con el fin de obtener la victoria final sobre el demonio, el mundo y la carne. De este último punto, versa esta poderosa oración llamada La Oración Abrazada, muy poco conocida pero con una fuerza singular. 

Se deben hacer algunas explicaciones de esta oración por dos motivos. Primero, porque con la pésima formación dada hoy en día puede hacer que uno, de forma no intencional, malinterprete algún concepto dentro de la oración. Segundo, porque para entender su poder es crucial comprender lo que se está pidiendo en esta plegaria. 

Lo primero es el nombre de la oración. La palabra abrasada se puede quizás malentender por la palabra abrazo como el gesto que se dan dos amigos cuando se encuentran. La interpretación correcta de esta palabra proviene del término brasa, como en un fuego cuando los troncos se han consumido y se transforman en brasas, que son la parte más caliente del fuego. Del francés al español, el término puede sufrir una confusión por lo explicado sobre el abrazo, pero en francés la palabra utilizada es embrasée (se pronuncia tal como se lee); significa algo incendiado, brillante por estar en fuego, caliente, entre otros sinónimos. El segundo punto a tocar es la muy obvia extensión de esta oración. No es una oración corta ni tampoco se puede resumir porque cada párrafo de la misma es una catequesis en sí. San Luis María Grignion de Montfort escribe esta oración con esta extensión por el nivel de relevancia de lo que se pide. Esta oración es una súplica, un grito al cielo; leyéndola detenidamente, uno se puede imaginar al profeta de María Santísima arrodillado y llorando mientras dice estas palabras que nacen de lo más íntimo de su alma. Igual a un edificio maravilloso, cada parte, componente y sección hacen que el todo sea plenamente deslumbrante. 

Cambiando un poco el enfoque, procedemos a leer el contenido de la oración como tal. Para resumirlo, pide San Luis por medio de esta súplica dos cosas en específico: La venganza y guerra de Dios contra sus enemigos aquí en la tierra y el advenimiento de grandes guerreros por la causa divina. Lo primero es sumamente tabú en los ambientes blandos de las parroquias comunes, ya que se ha pintado una falsa imagen de que Dios tiene la obligación de soportar todas las injurias provocadas contra su divinidad. Sabemos bien por Revelación Divina el alcance y el tope de la paciencia de Dios hasta el punto de ser colmada y Él desatando su ira sobre los perversos. La Santísima Trinidad castiga a sus enemigos en el plano terrenal por amor a la justicia; sería increíblemente injusto dejar libre todo el daño cometido por los enemigos de la Iglesia sin el más mínimo acto de defensa de la verdad por parte de Dios. San Luis María Grignion de Montfort pide, citando una variedad de versículos bíblicos, la manifestación concreta de Dios en nuestros tiempos donde parece que todo está perdido. Lo más llamativo es escuchar a San Luis utilizar un tono aparentemente atrevido para confrontar directamente a Dios por medio de preguntas abiertas y retóricas. Uno se podría hacer la imagen del gran santo de Montfort señalando al Todopoderoso con dedo acusador y con la voz elevada haciendo la interrogación -citando directamente de la oración- cómo: ¿Dejaréis todo así al abandono, justo Señor, Dios de las venganzas? ¿Se tornará todo al final como Sodoma y Gomorra? ¿Os callaréis siempre? ¿Soportaréis siempre?¿No hace falta que vuestra voluntad se haga sobre la tierra como en el cielo y que venga [a nosotros] vuestro reino? ¿No habéis mostrado anticipadamente a algunos de vuestros amigos una futura renovación de vuestra Iglesia?”.

Lo segundo mencionado es la petición aguerrida del santo suplicando la venida de justos y terribles soldados del ejército de María Santísima para el advenimiento del Reino de María. Esto no es algo futuro, sino algo para el presente, teniendo en vista la crisis gravísima tanto en el mundo como en la Iglesia. El Tratado a la Verdadera Devoción, escrito por el santo en mención, habla de apóstoles laicos, militantes del aquí y el ahora. En el Tratado usa la palabra Liberos (una palabra en latín) utilizada para referirse a apóstoles laicos. En ciertas traducciones de la oración se usa la palabra sacerdotes; esta traducción es debatible porque San Luis no habla al clero, sino a todo militante de la causa de Dios. Sin entrar en discusión, el término se puede entender y aplicar al clero como también a los laicos, con más puntualidad a estos últimos. No pretendo describir las características de dichos soldados peticionados en la oración, por esta contener una exposición absolutamente clara de los detalles esplendorosos que han de tener estos valientes paladines de María Santísima. 

Para terminar, esta oración, como se ha repetido a lo largo de esta explicación, es para suplicar guerreros para él ahora, no necesariamente para él después. Se necesitan cruzados valientes que hagan una afrenta voraz a la Revolución anticristiana. Este es un tiempo donde se han implantado una serie de miedos absurdos para evitar herir los respetos humanos, las sensibilidades ajenas, las falsas libertades y cualquier cantidad de mentiras vendidas como principios en el mundo moderno. Estos apóstoles laicos solo están para edificar la Cristiandad a imagen de María Santísima, absteniéndose de hacer caso a los policías de la caridad que repiten como papagayos una falsa caridad consistente en la blandenguería, someterse al mal presente y la tibieza doctrinal. Esta plegaria es un homenaje a la Santísima Madre de Dios, Generalísima de las coherentes celestiales, comandante de los bautizados consumidos por el celo apostólico, para invocar su poder incomparable sobre la historia. Bien sabemos el rol de la Virgen María para aplastar a la Revolución. Solo ella es quien nos podrá dar la victoria en medio de la iniquidad e injusticia en curso que busca destruir la verdad revelada por Dios. Con esta oración, obtenemos una visión sin igual de la Reina Santa del cielo. Se rompe con una concepción demasiado superficial de la Virgen María; aquí se le plantea como la primera defensora de la Santísima Trinidad, la intransigente con la verdad, la piedra angular del peso espiritual de la lucha por Dios, manantial de gracias para sus hijos que van deseosos a dar un combate despiadado contra las fuerzas del mal y sus agentes terrenales. 

Es realmente hermosa toda esta oración. Es un tesoro desconocido anteriormente, pero solo Dios sabe por qué lo desea dar a conocer ahora. Estas armas espirituales son para nuestro provecho, el provecho de la Santa Madre Iglesia y el auxilio de las almas que han sido redimidas a un precio altísimo por la Sangre Preciosa del Cordero sin mancha. Con ardor y celo por la casa de Dios, recemos frecuentemente esta oración que es como una espada que se desenvaina para entrar a la batalla con ímpetu beligerante, deseoso de la victoria final.

Pulsa el siguiente enlace para ver la Oración Abrasada de San Luis María Grignion de Montfort: Oración Abrasada

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