Carta abierta de John-Henry Westen al Cardenal Sarah
La situación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) vuelve a estar en la palestra pública por su decisión anunciada el día 2 de febrero de 2026 de consagrar obispos sin mandato papal. El anuncio ha sido recibido con reacciones de todo tipo. Diferentes prelados reconocidos han tachado el acto a suceder como un cisma concreto, otros han manifestado solo preocupación, algunos se han tomado la labor de advertir a la feligresía sobre la presunta gravedad del acto, pocos han aclamado el acto como un medio justificado para salvaguardar la tradición de la Iglesia.
El reconocido Cardenal Robert Sarah ha expresado su preocupación sobre el tema de marras con palabras manifestadas en el periódico francés Le Journal du Dimanche el día 22 de febrero con un breve ensayo desaconsejando a la FSSPX de seguir adelante con su plan de consagraciones episcopales. El ensayo ha ocasionado una actitud de sospecha en la feligresía con relación al acto episcopal planificado para el día 1 de julio de 2026. Justo el día después, el famoso periodista católico, el señor John-Henry Westen, quien es cofundador y jefe ejecutivo del sitio LifeSiteNews, publicó una carta abierta dedicada al prelado en mención.
La carta se explica bien por sí misma por su transparencia en las ideas que transmite,al igual que una exposición a rajatabla de los grandes y verdaderos problemas de los cuales se pretende combatir con medios totalmente inconducentes e insensatos.
A juicio de este escritorio, indudablemente el señor Westen ha aplicado a la perfección el mandato de Nuestro Señor Jesucristo de la paja y la viga en el ojo. Aquí, en medio de toda esta situación, ha salido a relucir la existencia de los problemas fundamentales que deben ser abordados sin miedos por represalias despóticas o negaciones sistemáticas de la realidad afrontada diariamente por los feligreses a nivel mundial. El periodista Westen formuló las preguntas incómodas que pocos quieren o pueden hacer para evitar una supuesta división entre aquellos pretendidos defensores de la ortodoxia. Para decirlo llanamente, en la carta abierta se señala lo que podemos resumir así: ¿Por qué algunos temas se condenan con una energía implacable y otros temas evidentemente graves solamente se abordan de forma general, sin puntualizar, sin combatir concretamente, sin claridad, sin reiterar y solo cuando hay otros haciendo lo mismo?
Se ha caído a un nivel inimaginable de podredumbre dentro de la estructura de la Iglesia hasta el punto de tener dudas —como mínimo— de temas morales básicos. El católico común y corriente no tiene idea a qué Dios adoramos ni conoce los Diez Mandamientos; esto constituye prueba plena de una crisis inmensa en el plano doctrinal, de la cual el número de los que se salvan es cada vez inferior. El rigorismo, falsa obediencia, hiperpapalismo, mera estética y oposición a medias se ha convertido en un ideal de resistencia piadosa y deseable, mientras que cualquier exceso a esta posición se le tacha de tendencia cismática, terrorista de la institución petrina y sedevacantista en el plano práctico.
El Cardenal Robert Sarah, por más que haya manifestado un cierto apoyo a la tradición bimilenaria de la Iglesia, es notable la bandera del quietismo e irenismo. Su libro sobre el silencio en medio de un mundo consumido, formado e instituido por la Revolución anticristiana es magnífico; pero este silencio exhortado por Su Eminencia no puede ser de ninguna manera utilizado o empleado cuando, de manera diáfana, el mal y los errores condenados por los Papas Pío VI, Pío VII, Gregorio XVI, Beato Pío IX, León XIII, en especial San Pío X, son el statu quo y la regula fidei en la coyuntura presente. El desbalance marcado de forma sobresaliente entre la obediencia al Romano Pontífice en órdenes inicuas y la salvaguarda de la doctrina perenne a todo costo.
Sabemos que los enemigos de la Iglesia han conspirado por más de dos siglos la manera de subvertir la jerarquía eclesial. La evidencia ostensible muestra el alcance de su plan maestro y cómo lo han logrado. Los problemas no han desaparecido ni cesado; todo ha aumentado, se ha agravado exponencialmente; no estamos en tiempos normales. Teniendo todo esto en cuenta —no es posible alegar a favor de él y otros prelados la ignorancia—, se puede entender una medida de última ratio siendo tomada por la FSSPX para sostener su obra en pro de la Iglesia universal. Las intenciones benévolas de estas consagraciones han sido plasmadas de la forma más clara posible. Se pueden sintetizar en un acto de fidelidad a la Sede de Pedro por ser esta la garante de ortodoxia por todos los siglos, sin importar si el Papa de turno es o no fiel a la sede que ocupa. Los verdaderos cismáticos jamás van a proclamar ni una mitad de las palabras publicadas por la FSSPX sobre las razones que llevan a dicho acto. Es menester retomar las conversaciones. Pero, ¿cuáles conversaciones? Las conversaciones sobre los temas de fondo que han llevado a tomar una acción fuerte para preservar la fe sin ceder en un ápice del Depósito de la Fe.
Leamos con detenimiento y razón la siguiente carta:
Carta abierta al Cardenal Sarah sobre la FSSPX del 23 de febrero de 2026
«Mi querido Cardenal Sarah:
Al igual que usted que veo que comenzó su ensayo con una cita de las Sagradas Escrituras, yo comienzo esta carta abierta con un fragmento de la carta de San Pablo a los Gálatas:
“Me sorprende que tan pronto abandonen a aquel que los llamó por la gracia de Cristo y se vuelvan hacia un evangelio diferente, no es que haya otro evangelio, sino que hay algunos que los perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Pero aunque nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara un evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema. Como hemos dicho antes, ahora lo repito: si alguien os anuncia un evangelio contrario al que habéis recibido, sea anatema.”
He leído con interés y, debo confesar, con gran dolor, su reciente artículo en Le Journal du Dimanche. Usted llama a la unidad en la Iglesia, invocando la roca de Pedro y la necesidad de obedecer al sucesor de Pedro. Usted advierte contra las ordenaciones episcopales previstas por la FSSPX sin mandato, calificándolas de desobediencia que pone en peligro las almas. Pero, Eminencia, al leer sus palabras, lo único que pude pensar fue: “¿Dónde ha estado usted?”. Me alegró mucho saber por fin su opinión sobre la crisis de la Iglesia, pero usted se refirió intencionadamente a los síntomas e ignoró la causa dolorosamente obvia del cáncer que devora a la Iglesia.
¿Dónde ha estado usted durante estos últimos nueve meses, mientras la Iglesia se veía envuelta en llamas bajo el reinado del Papa León? Todo el edificio parece estar ardiendo, y su silencio ha sido lo más ruidoso del mundo. Usted viste el rojo del martirio, símbolo de la disposición a derramar sangre por la fe. Sin embargo, ante los graves peligros a los que se enfrentan hoy los fieles, usted y sus hermanos Cardenales han brillado por su ausencia.
El Papa León, al igual que su predecesor, ha recibido con los brazos abiertos al padre James Martin (SJ), elevando una voz que tergiversa la enseñanza católica sobre la sexualidad y promueve ideologías contrarias a la Escritura y la Tradición. León permitió la peregrinación LGBT a la propia Basílica de San Pedro, descrita por un valiente obispo y muchos fieles como la abominación desoladora que entra en el Lugar Santo, haciéndose eco de las advertencias de Daniel y de Nuestro Señor en Mateo 24. Y no olvidemos la declaración de León de que si no estás en contra de la pena de muerte, no eres verdaderamente provida, un ataque directo al movimiento provida y a siglos de enseñanza magisterial de Papas y doctores de la Iglesia que defendían la pena capital como justa en principio, cuando era necesaria para el bien común.
La lista de horribles nombramientos episcopales, la concesión al Partido Comunista anticatólico de China de nombrar obispos bajo los Papas Francisco y León están cambiando el rostro de la Iglesia del futuro. ¿Dónde estaba su voz, Cardenal? ¿Por qué no hay una protesta pública contra estos atropellos que ponen en peligro las almas mucho más que cualquier consagración de la FSSPX?
Su ensayo habla elocuentemente de la defensa de la Tradición, pero su prolongada inacción dice mucho más, dejando a los fieles preguntándose si su mayor preocupación es el cálculo político. ¿Están usted y sus compañeros Cardenales buscando el favor de León para promover alguna agenda en particular?
Usted condena la desobediencia de la FSSPX como un camino hacia la perdición, pero puedo decirle sin reservas que los fieles están profundamente agradecidos, incluso encantados, de que la FSSPX no obedeciera durante la crisis del COVID, cuando Francisco dio ejemplo con el cierre sin precedentes del Santo Sacrificio de la Misa en todo el mundo. Las diócesis obedecieron en masa, cerrando las iglesias, negando la Eucaristía a los laicos e incluso negando la extremaunción a los moribundos en su hora de mayor necesidad. La FSSPX, sin embargo, mantuvo viva la Misa, preservando el acceso a la gracia y a la Presencia Real cuando era más urgente.
¿No fue esa la verdadera obediencia a Cristo mismo, dando prioridad a la ley suprema de la salus animarum —la salvación de las almas— sobre la sumisión ciega a los obispos que ordenaban privar a los fieles del Santo Sacrificio, lo que podría decirse que contradecía la ley divina? La historia les da la razón: innumerables fieles se mantuvieron espiritualmente gracias a su valentía. ¿Por qué condenarlos ahora por las consagraciones cuando su «desobediencia» pasada evitó la desesperación generalizada e incluso la apostasía entre el rebaño?
Usted predica ahora la obediencia, pero debo preguntarle: ¿dónde está su propia obediencia a Francisco y a su magisterio, ahora promovido por León? Usted insta a una fidelidad inquebrantable al Papa, pero ¿ha bendecido personalmente a parejas homosexuales, como anima explícitamente Fiducia Supplicans? Si la obediencia es el corazón mismo de la fe, como usted afirma con tanta pasión, ¿por qué esta vacilación por su parte? ¿No deberíamos abrazar el espíritu de la ley en lugar de limitarse a cumplir mezquinamente con la letra? El espíritu de Fiducia Supplicans queda ampliamente demostrado tanto por Francisco como por León con su apoyo a James Martin, SJ, y su aceptación de la homosexualidad.
Eminencia, ¿acepta ahora plenamente los cambios radicales que Leo defiende y aplica? ¿Cree usted, como enseña el Catecismo revisado bajo Francisco, que «la pena de muerte es inadmisible porque es un ataque a la inviolabilidad y dignidad de la persona»? Esto contradice rotundamente el testimonio de la Sagrada Escritura, Santo Tomás de Aquino, el Papa Pío XII y la tradición ininterrumpida que afirmaba su legitimidad.
¿Considera ahora que las parejas divorciadas y vueltas a casar, sin anulación ni compromiso de continencia, pueden en algunas circunstancias ser admitidas a la Sagrada Comunión, como proclaman Amoris Laetitia y la Acta Apostolicae Sedis como magisterio oficial? Se trata de rupturas con la enseñanza infalible anterior que siembran confusión y escándalo.
¿Afirma usted que el Novus Ordo es la única expresión legítima del rito romano, respaldando las severas restricciones a la Misa Tradicional decretadas en Traditionis Custodes, el rescripto posterior, y rigurosamente aplicadas bajo León? La Misa de los siglos de los santos y mártires está siendo sistemáticamente suprimida. ¿Le parece bien esto?
Si la obediencia exige la aquiescencia a todo esto, ¿cómo lo concilia con su profesado amor por la liturgia auténtica y el depósito de la fe?
Por último, querido Cardenal Sarah, debemos afrontar una posibilidad dolorosa pero inevitable, que resuena a lo largo de la historia de la Iglesia con sus cerca de treinta antipapas documentados que reclamaron ilegítimamente el trono y desviaron a las almas. ¿Y si Francisco y León fueran tales figuras, antipapas cuyas elecciones o acciones invalidan su autoridad? Sus pontificados se han caracterizado por acoger a disidentes notorios como el Padre Martin, permitir que lo que las Escrituras condenan como abominaciones entre en el Lugar Santo, invertir las enseñanzas fundamentales a favor de la vida y desmantelar el antiguo rito de la misa.
Antipapas como Clemente VII durante el Cisma de Occidente o Benedicto XIII sembraron una confusión similar mediante reivindicaciones inválidas, inclinaciones heréticas o el incumplimiento de la fe intacta, lo que obligó a los fieles a discernir la verdadera autoridad mediante la oración, la razón y la adhesión a la verdad perenne. Si los reinados de Francisco y León reflejan estos precedentes históricos —quizás debido a irregularidades en sus elecciones o a manifestas desviaciones de la ortodoxia—, entonces la obediencia a ellos no es fidelidad a Pedro, sino complicidad involuntaria en el error. Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, como promete Cristo, pero debemos poner a prueba los espíritus, como exhorta el amado apóstol en 1 Juan 4:1, y aferrarnos al magisterio inmutable.
Antes de que sea demasiado tarde, como usted mismo advierte, ¿considerará esta posibilidad? La verdadera unidad no es la lealtad ciega a un hombre, sino la comunión con Cristo y las verdades inmutables que Él confió a su Esposa, la Iglesia.
Le ruego, querido Cardenal Sarah, que rece por mí, que soy un pecador, y que perdone mi impertinencia al responder con tanto vigor. Como padre de ocho hijos, la mayoría de ellos veinteañeros, que han vivido toda su vida adulta bajo dos pontificados desastrosos, le suplico que me comprenda. Estos dos hombres, Francisco y León, han dañado la fe de mis pequeños (Mt 18, 6). Y me preocupa su alma y la de sus hermanos Cardenales, ya que con su silencio están colaborando y contribuyendo a esta confusión de los pequeños.
Rezo por usted, querido Cardenal Sarah, por sus fieles hermanos y por toda la Iglesia en este momento de batalla decisiva entre Nuestro Señor y el reino de Satanás. Por intercesión de la Santísima Virgen, que Dios nos conceda a todos claridad, valor y la gracia de defender la fe sin concesiones.
En Cristo y en su amada Madre,
John-Henry Westen.»


