Ir al contenido principal
Defensa de Santo Tomás de Aquino sobre dos aspectos

Defensa de Santo Tomás de Aquino sobre dos aspectos

Artículos, Contestaciones y refutaciones | mayo 25, 2026
Compartir:

Recientemente, para ser más preciso, el día 11 de mayo del año en curso (2026), un querido compañero contra-revolucionario de pura sepa se topa con una confusa situación que inmediatamente lo hizo saltar en preocupación e incógnita. En un segmento de EWTN donde se estaba hablando de un tema general, el sacerdote que fungió como presentador del mismo utilizó el aparente ejemplo de Santo Tomás de Aquino de una forma sumamente dudosa y perturbante a oídos piadosos.

Antes de señalar lo que escandalizó a este culto hombre, es menester, tanto en justicia como en prudencia, hacer algunas salvedades. La primera consiste en que se ha hecho todo lo posible para ubicar nuevamente el programa para poder tener las citas exactas de lo sostenido por el presbítero José de Jesús Aguilar en el segmento llamado Tips para ser Feliz, pero no se ha podido encontrar. Lo segundo es la existencia de dos testigos que escucharon lo que venimos a desmontar; nunca falta algún comentario que busque irse por la tangente para desacreditar la existencia de lo presente. En tercer lugar, es manifestar que esta defensa se ha de mantener únicamente en estos dos aspectos de Santo Tomás, al igual que mantenerse en el plano objetivo ya que se desconocen las intenciones del sacerdote. Lo cuarto y último está ligado con lo primero, que radica en reconocer que, en vista de no contar con las citas precisas, puede haber un margen de error a la hora de refutar lo explicado por el Padre Aguilar. Habiendo hecho estas aclaraciones, vamos a proceder con esta defensa.

Lo sucedido

En el programa Tips para ser Feliz el sacerdote Aguilar, sin un ápice de fundamento, afirmó dos cosas indignantes de “el más sabio entre los santos, y el santo entre los sabios” -como proclama la famosa frase para describir al Aquinate-. La primera consiste en que Santo Tomás de Aquino NO escribió sobre el nefasto pecado de la Gula, y la segunda consiste en un aspecto de su muerte: estaba tan gordo que se tuvo que picar y romper parte de la puerta para sacar al cuerpo del santo del recinto donde se encontraba. Haciendo un alto momentáneo, se recuerda una segunda vez las salvedades hechas en el párrafo anterior por carecer de las palabras exactas del sacerdote en cuestión, pero esto no resta que la idea en general transmitida en el programa fue la que se acaba de señalar. 

Estas dos afirmaciones en el programa transmitido por EWTN son diametralmente opuestas a lo que cualquier católico con acceso a la información puede encontrar sobre el Aquinate. Es alarmante y turbante que alguien, más aún un sacerdote, salga con semejante ejemplo erróneo para comprobar alguna temática general siendo explicada ante una cantidad innumerable de almas que han sido zarandeadas por la presente crisis eclesial, donde la mayoría desconoce gravemente la fe de siempre. 

Refutación

Para empezar a defender al hombre que tuvo un corazón de ángel, lo primero alegado por el programa se cae fácilmente al abrir la Suma Teológica en la Parte II-IIae (Secunda Secundae), Cuestión 148, que toca exclusivamente el tema de la Gula. No hay nada más que decir si es tan clara la respuesta como esto.

El segundo punto que se ha de refutar se puede comprobar su falsedad al leer diferentes fuentes oficiales con prominente fama. Leamos lo que dice la conocida fuente bibliográfica de Vida de los Santos por Alban Butler: “Se hallaba ya enfermo cuando el papa Gregorio X le pidió que asistiese al Concilio ecuménico de Lyon para la reunión de las Iglesias griega y latina y que llevase consigo su tratado «Contra los errores de los griegos». Su enfermedad se agravó tanto durante el viaje, que sus acompañantes le transladaron a la abadía cisterciense de Fossa Nuova, cerca de Terracina, donde el abad le cedió su propia celda y los monjes se pusieron a su servicio. Cediendo a los ruegos de los religiosos, el santo empezó a explicarles el «Cantar de los Cantares», pero la muerte le sorprendió antes de terminar. Hizo la última confesión con el P. Reginaldo de Priverno y, al recibir de manos del abad el Santo Viático, pronunció las famosas palabras: «Ahora voy a recibirte a Ti, que eres el precio de la redención de mi alma. Todos mis estudios, vigilias y trabajos han sido por tu amor. He enseñado y escrito mucho sobre el Sagrado Cuerpo de Jesucristo. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y en la Santa Iglesia Católica, a cuyo juicio las ofrezco y someto todas». Dos días después entregó el alma a Dios, en la madrugada del 7 de marzo de 1274, cuando no tenía más de cincuenta y cinco años de edad. A san Alberto, que se hallaba en Colonia en ese momento, se le saltaron las lágrimas ante toda la comunidad y dijo: «El hermano Tomás de Aquino, mi hijo en Cristo, la lumbrera de la Iglesia, ha muerto. Dios me lo ha revelado»”. 

Tenemos otra fuente que nos habla sobre la muerte de Santo Tomás en el libro Año Cristiano del ilustre Padre Croisset que describe en términos similares el fallecimiento de este doctor de la Iglesia: “Fue su dichosa muerte miércoles siete de marzo del año 1274, teniendo solo cincuenta años de edad; pero tan llenos de gloria como colmados de merecimientos. Así por los muchos milagros que obró en vida, como por los que se continuaron en su sepulso despues de su felicísima muerte…”. Una última fuente revela un dato que puede ayudar aún más a conocer la verdad sobre la muerte y físico del Aquinate; lo siguiente proviene de The Catholic Encyclopedia (La Enciclopedia Católica) del año 1912 donde se destaca unos detalles relevantes: “Calo (Prümmer, op. cit., p. 401) dio una descripción de la apariencia del santo: dice que sus rasgos se correspondían con la grandeza de su alma. Era alto y corpulento, erguido y bien proporcionado. Su tez era «como el color del trigo nuevo»: su cabeza era grande y bien formada y era algo calvo. Todos los retratos lo representan con porte noble, meditativo, dulce y a la vez fuerte”. Esto nos confirma que Santo Tomás era corpulento, en otros términos, que era un tanto gordo. Si bien esto es cierto, no se puede afirmar ni deducir que se tuvo que picar la puerta o hacer algún tipo de trabajo para poder sacar su cadáver del lecho donde falleció el santo. 

En todas las fuentes serias no aparece ni un fragmento de información ni recuento de lo aludido por el Padre Aguilar. Podemos tener la seguridad de que, si fuera cierto este hecho, por lo menos algún autor acreditado lo mencionara como hecho, pero este no es el caso. Tampoco se puede valer de otra mentira que flota por ahí sobre la mesa para comer del Aquinate, que se le cortó un semicírculo para sentarse cómodamente con su panza colosal; esto es otro mito formado por envidiosos del intelecto y santidad de esta lumbrera para la Iglesia. 

Se puede concluir con todo el peso de la evidencia aquí planteada que absolutamente nada, ni el primer ni el segundo punto, enseñado en el segmento cuestionado, tiene validez o fundamento. Es falso, crudo y sencillamente. 

El escándalo formado por estos dos puntos erróneos en el programa que irónicamente se llama Tips para ser Feliz es algo que tristemente muchos no lo van a notar, pero que su efecto va a permear. Ya cuando el daño está hecho, es difícil deshacerlo. Por esta clase de leyendas y mitos, se sigue solidificando la agenda revolucionaria infiltrada dentro de la estructura eclesial, que falsea la historia para favorecer a las novedades doctrinales impuestas por la alta jerarquía fiel al espíritu del mundo. 

¡Viva el gran Santo Tomás de Aquino!

¡Que la sabiduría que Dios le dio, permanezca siendo la lumbrera universal para todas las edades y sea nuestro remedio contra la herejía del Modernismo!

Compartir:
«La Iglesia está atravesando la crisis más grave de toda su historia» – Entrevista con Dr. Peter Kwasniewski

«La Iglesia está atravesando la crisis más grave de toda su historia» – Entrevista con Dr. Peter Kwasniewski

El Concilio Vaticano II: visto con el tiempo y la realidad

El Concilio Vaticano II: visto con el tiempo y la realidad

La sinodalidad es el modernismo. De estar condenado a ser entronizado por Roma

La sinodalidad es el modernismo. De estar condenado a ser entronizado por Roma

El Concilio Vaticano II y las misiones ad gentes. ¿Ya no hay que convertir ni bautizar?

El Concilio Vaticano II y las misiones ad gentes. ¿Ya no hay que convertir ni bautizar?