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Un grito desde Panamá: Persecución, resiliencia, y sacrificio por la verdad

Un grito desde Panamá: Persecución, resiliencia, y sacrificio por la verdad

Artículos | febrero 23, 2024
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La Iglesia Católica ha sobrevivido muchas persecuciones a través del tiempo como fueron de parte de los emperadores paganos, el azote de los bárbaros, riñas por asuntos doctrinales entre doctos y herejes, poderes tiránicos que se ensalzaban a sí mismos, y diferentes sucesos de carácter mundial que han puesto en jaque su supervivencia. Es cierto que muchas de estas persecuciones han cesado por el poder de Jesucristo, Rey de toda la creación, que le ha concedido un respiro a su Esposa Inmaculada. Todo puede parecer tranquilo, con pequeñas turbulencias, sobre todo, reina una concordia aparente desde una visión horizontal y superficial; esto es sumamente errado y falso. Lo que uno ve desde la cotidianidad y emanando del discurso oficial puede parecer regular, sereno, y pacífico, cuando en realidad hay una guerra, un conflicto, una crisis de proporciones siniestras.

De solo pensar que esta crisis y persecuciones no viene desde afuera, sino desde adentro, pondría a los santos a temblar a tal punto de clamar al cielo pidiendo misericordia. Dentro de esta persecución, hay dos principales agravantes que son: (1) La persecución es llevada a cabo por aquellos que tienen el deber y la obligación de proclamar a tiempo y a destiempo la verdad del Evangelio en su plenitud. (2) Los que son perseguidos, no han hecho nada malo y se mantienen fieles a la Iglesia Católica, Apostólica, y Romana, y han proclamado la doctrina perenne de la misma. Esta es la breve historia de la lucha por la Tradición Católica en Panamá (hasta el momento).

Pincelazo histórico tenebroso:

Desde los tiempos del Concilio Vaticano II, este país ha sufrido un silencioso, nefasto y voluntario suicidio de la fe. No muchos autores Católicos saben de los laboratorios de la Nueva Misa alrededor del mundo, donde se seleccionaron meticulosamente algunos lugares en los que se construirían parroquias con el exclusivo propósito de experimentar una nueva liturgia y documentar las reacciones entre los fieles. De hecho, en Panamá se ensaya una «nueva misa» antes de que la asamblea general de los Padres conciliares supiera que se iban a producir los cambios radicales que se apoderaron del mundo entero en cuestión de años. El cambio fue tan drástico en Panamá que muchos aquí dicen bromeando: «Un día cantábamos Credo in unum Deum, y al día siguiente teníamos guitarras e himnos Pentecostales». Nadie dijo nada. Una especie de amnesia repentina se apoderó de todos los sacerdotes, seminaristas y laicos, hasta el punto de que la Santa Misa Tradicional desapareció sin quejas ni vacilaciones en todo el país de un día para otro.

Se construyeron Iglesias modernas para adaptarse al ardiente Movimiento Carismático que surgió de la tierra y se apoderó de todo; en las Iglesias de estilo tradicional se destruyeron sus altares mayores y fijaron las mesas de Cranmer; y la Nueva Teología (que ya existía aquí) gritó «¡fuera lo viejo, dentro lo nuevo!». Ningún sacerdote, ningún obispo, ningún seminario sostuvo la más mínima resistencia a los «frutos» del Vaticano II; todos se doblegaron, apoyaron, y enseñaron lo nuevo, fue con una coordinación simultánea como si actuaran usando el mismo guión y la misma “línea/postura oficial”. Su unanimidad puede atribuirse en gran medida a la firma por Monseñor Marcos Gregorio McGrath del siniestro «Pacto de las Catacumbas», y a su firmeza en la defensa de los ideales que en él contiene, los cuales se resumen en un Marxismo eclesial, rendirse a las modas mundanas, y una especie de miseria deliberada de los diferentes aspectos y contenido de la Santa Madre Iglesia. La transición de una práctica sólida del Catolicismo tradicional a una reinvención modernista del mismo fue tan increíblemente rápida que no hay forma fácil de explicarla. La única explicación es esta: El Modernismo, el Pentecostalismo y la Nouvelle Théologie siempre estuvieron en Panamá; sus defensores solo esperaban el momento perfecto para emerger, tomar el control y relegar el pasado al olvido para poder cumplir con el desenlace deseado, que todo el mundo aplaudiera alegremente esta toma pacífica del orden establecido por Cristo Jesús para su Iglesia.

Resurgimiento:

Después de tantas décadas de degeneración litúrgica, doctrinal, y espiritual, por obra y gracia de Dios se empieza a visualizar un rayo de esperanza alrededor del año 2015 cuando llega a Panamá por primera vez, la respetada TFP (Tradición, Familia, y Propiedad) a dar conferencias sobre Nuestra Señora de Fátima y Nuestra Señora del Buen Suceso de Quito, Ecuador, y a enseñar sobre la Tradición, la lucha Cristiana, y el amor al Depósito de la Fe. Años después, en este pequeño Istmo, tiene lugar la Jornada Mundial de la Juventud– evento que se caracterizó por varios deslices y excesos. En medio de este evento se da la primera Santa Misa Tradicional después de haber sido olvidada y suprimida por tantos años. Esto llevó a varios fieles a empezar a organizarse, reunirse, y coordinar para tener la Santa Misa Tradicional en este país de forma regular. En torno al año 2019, se dio un evento con el Padre Michael Rodríguez de El Paso, Texas, que fue un rotundo éxito. No solamente las charlas y liturgia fueron una delicia espiritual, sino también sirvió para reunir a muchísimos otros feligreses interesados en la lucha por la Santa Misa Tradicional, la doctrina de siempre, una vida espiritual formada, y la paz de Cristo Jesús por medio de la verdad. Otros acontecimientos ocurrieron posterior a este encuentro como la visita de nuevos sacerdotes, pequeños encuentros de la feligresía, descubrir la doctrina, entablar nuevas amistades, conciliar y fortalecer la unión entre todos, y otros eventos particulares. Solamente esta sección comprende un lapso de tiempo desde el 2019 al 2021 lleno de anécdotas y sucesos de acción intrépida.

Desafíos, heridas, y golpes:

            En este relato, que se caracteriza por ser extenso y detallado, se hará el salto a la actualidad de la situación para concretar el punto de que estamos bajo una persecución innatural en Panamá. Solo tres palabras son aptas para describir el estado en que estamos: estremecedora, insidiosa, y diabólica. Es la forma más precisa para concretar un panorama para el lector interesado en este testimonio, cabe destacar que la exageración no ha sido utilizada para seleccionar este trinomio exacto para las calamidades que este pequeño rebaño ha vivid. A partir del día en que se formularon las pretensiones de tener la Misa de Siempre en Panamá, se evidenció la ruptura de un dique tenso y lleno de resentimiento, disgusto, ignorancia, y odio hacia la Tradición Apostólica. Se pudo manifestar lo que otros Católicos del mundo entero han llegado a sufrir por tiempo más prolongado que nosotros, decenas de historias de terror e injusticia han sido estos relatos provenientes del extranjero.

            Mencionando e ilustrando las embestidas contra la verdad de la Fe, se tiene que mencionar el repudio público y manifiesto contra la palabra (o concepto) “Tradición”; esta palabra es peor que una palabra sucia dentro de los ambientes parroquiales. Fieles que les han dicho a sus párrocos o sacerdotes conocidos que son de “espíritu tradicional…Gustos tradicionales…Orden riguroso…o seriedad en las prácticas de la fe” fueron excluidos y apartados inmediatamente o de forma paulatina de los entornos a los cuales pertenecían. No son pocas las veces que en diferentes parroquias se han manifestado públicamente contra la Tradición y aquellos que la aman; en este testimonio no se van a repetir los insultos gravísimos que fueron verboreados desde el púlpito. Ningún clérigo estaba permitido (incluso en tiempos de Summorum Pontificum) de celebrar la Santa Misa Tradicional en público o en privado. Se violaba esta legislación por el Papa Benedicto XVI, imponiendo condiciones y pretextos inventados para evitar que nadie se atreviera a celebrar la Misa de Siempre. Incluso hasta el punto de sufrir las más despóticas consecuencias por parte de la jerarquía eclesiástica que se resumen en: trasladados a lugares remotos del país, ser exiliados fuera del país (cosa que llegó a sucederle a uno), amenazas de suspensión, remoción del ministerio público, y/o el cierre de cualquier apostolado en el que estuvieran involucrados.

            Con estos instrumentos maléficos es que los obispos Panameños de forma unánime llegaron a mantener la Santa Misa Tradicional fuera de Panamá de frontera a frontera. Cualquier tipo de intento de la feligresía para negociar o dialogar (tanto que les gusta hablar del famoso diálogo) sobre la materia, se edificaban barreras burocráticas imposibles de sobrellevar para por lo menos obtener una audiencia con la autoridad competente. Múltiples veces se intentó, con una cantidad creativa de planes o iniciativas para cooperar con la jerarquía; estos variaron desde traer a una comunidad Ecclesia Dei (sea FSSP, ICRSS, IBP, etc.), hasta el punto de proponer apostolados misioneros que incluyeran el objetivo de la Santa Misa Tradicional. Todo fue rechazado de plano sutil o taxativamente, sin forma alguna de apelar o que reconsidere la petición. Si ha quedado alguna duda de la hostilidad acérrima contra la Tradición en Panamá, solo basta contar que hay testigos fidedignos del momento en que el Arzobispo de la Diócesis Metropolitana de la Ciudad de Panamá dijo textualmente: «Sobre mi cadáver permitiré la Misa Tridentina en Panamá».

Actualidad, el camino hacia adelante, y conclusión:

         Saltando precisamente al ahora, le damos gracias a Dios por escuchar nuestras súplicas, tenemos la guía, cuidado, y paternidad de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). Contamos con un Oratorio que tiene la Santa Misa Tradicional de forma mensual por un periodo de alrededor de diez días al principio del mes, también que posee capacidad para un centenar de personas, y una variedad de otras amenas disposiciones para desarrollar nuestro crecimiento espiritual. Gracias a Dios, la FSSPX comenzó a venir a territorio nacional a finales del 2020 y poco tiempo después se determinó que Panamá se iba a convertir en una “misión” para la fraternidad, lo cual dejó a la feligresía contenta de ver la Divina Providencia en acción. Las penurias que hemos tenido que pasar hasta conseguir el Oratorio Stella Maris (nuestro actual hogar) han sido inmensas, como llegaron a ser: celebrar la Santa Misa Tradicional en un apartamento con más de cien fieles, todos apretados; en fincas rurales; en hoteles cerrados; incluso el ático de una tienda. No solamente fueron los problemas en buscar un lugar apropiado para celebrar la Santa Misa, sino reprender los ataques y persecución de la jerarquía; por decir un caso concreto: hace unos meses, los obispos Panameños emitieron una carta condenando la Santa Misa Tradicional, la FSSPX, y la Tradición en general para que nos sirviera de lección a nosotros y a cualquier persona que se atreviera a cuestionar el statu quo de la Iglesia Panameña. Un grupo pequeño grupo de fieles tomaron la valentía de desmontar sus difamaciones con tintes de cuasi-intelectuales y papagayismos canónico-teológicos que suelen decir para asustar y disuadir a cualquier fiel que quiera conocer la Santa Misa Tradicional; presionando a obedecer ciegamente, sin ningún tipo de sano juicio, y para mantener la tiranía del Modernismo.

El camino hacia adelante, con la ayuda de María Santísima, está lleno de esperanza y convicción. Esperanza, que nos hace tener una confianza absoluta en la Divina Providencia, que siempre cuida nuestro caminar hacia el cielo; convicción, que nos lleva a fortalecer nuestra resolución en el combate Cristiano y de tener que tomar decisiones difíciles cuando la fe se vea en peligro. Nosotros nos reafirmamos en el cuidado que debemos tener con los altos jerarcas eclesiales, igual que el espíritu de vigilancia que hay que reforzar para evitar colaborar o sumarse al caos provocado por aquellos que deberían ser nuestras referencias y guías mirando de lejos el detrimento del actuar general de la jerarquía en Panamá. Es suficiente sustento para lo previamente mencionado, citar que llegó a suceder en el 2022 un evento de cinco días organizado por la Conferencia Episcopal y la Conferencia Episcopal Regional de América Latina («CELAM»), en el que los asistentes invocaron «el espíritu de la madre tierra» y pidieron «la bendición de la Pachamama».

Solo Dios, por medio de Jesucristo, Nuestro Señor, ha de guiar nuestro rumbo para mantener la sólida doctrina que salva las almas, el Magisterio de siempre, y las prácticas espirituales que han nutrido a un sinfín de santos. La gloriosa Estrella del Mar, la Santísima Virgen María, que lidera a todos los navegantes en estas aguas terribles y escandalosas de los desastres modernos hacia el puerto de la tranquilidad, ha de ser nuestro sustento para permanecer firmes en esta gracia que Dios nos ha concedido para ser ejemplo de santidad en Panamá. No todo es perfecto ni se pretende decir que ya “estamos todos salvos”, pero aquellos que profundizan en las fases de la vida espiritual saben de la necesidad de tener los principios en firme para de esa forma construir la obra magnífica que Dios tiene para cada uno de nosotros que se llama La Santidad, acompañada de su pleno esplendor de méritos, virtudes, y obras santas.

 Todos son bienvenidos en este pedacito del cielo que la Santísima Trinidad se ha dignado concedernos a pesar de nuestros pecados e iniquidades, donde tenemos la certeza que se podrá salvaguardar íntegramente la Fe Católica, Apostólica, y Romana en Panamá. 

[Aquellos que están interesados en el Oratorio Stella Maris, la Santa Misa Tradicional, y conocer la Doctrina Tradicional en Panamá, pueden contactar en Instagram a: @christusvincit.9802]

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